Imagem capa - Tuve miedo a casarme (por Jhon) por Gisela Giraldo Fotografía
Nosotros

Tuve miedo a casarme (por Jhon)

Con el título solo pretendía atraparte, pero no es una historia tan dramática. Hoy quiero contarte que días previos a mi boda, me invadió mucho el miedo. Esta corta publicación nace de un interés personal por compartir un temor que me acompañó y que, gracias a unas palabras del Papa emérito y oración, me fortalecí para el paso que iba a dar y del que nunca me arrepentiré. Quienes son cercanos a nosotros, saben que intentamos mantener una vida de fe y que nuestra familia está consagrada a Dios y nuestros principios son católicos. Particularmente la lectura, además de fortalecer mis creencias, me ayudan a entender muchas situaciones cotidianas. Pero, ¿qué tiene qué ver esto con el blog? ¡Mucho!, pues fotografiando bodas he sido testigo de tantas emociones, nervios y temores y soy un enamorado y creyente del matrimonio.


Considero necesario aclarar que tuve mucho miedo, pero nunca duda. Nunca dudé de que el matrimonio era mi vocación, ni con quién me quería casar, ni lo que quería construir; tampoco tuve miedo por las renuncias que haría; tuve miedo porque no sabía qué me esperaba ni qué tenía Dios para nosotros; tampoco quiero decir que el miedo ya pasó, al contrario, cada vez tengo más miedos. Me pregunté muchas veces si ese miedo era algo negativo pero la fe me enseñó que, a ejemplo de muchos santos, el miedo es humano y a todos acompaña.


Cuando tengo la oportunidad de conversar con novios próximos a contraer matrimonio y el tema casualmente se menciona, les insisto en que el miedo se puede superar y que el matrimonio es una decisión definitiva que valdrá la pena tomar. Si por curiosidad y casualidad estás leyendo esto y estás pronto a casarte y tienes este “miedo”, te invito a comprender lo que tanto la Iglesia nos ha insistido: a no tener miedo a pesar de entender que hay muchas otras posibilidades y a pesar de que el mundo nos invite a lo contrario. Una decisión definitiva con un paso de fe, no nos quita la libertad, sino que la guía a grandes cosas.


Cuatro días antes de mi boda, leí a Benedicto XVI y lo dediqué a quien era mi futura esposa:


“Por eso, no tengáis miedo de tomar decisiones definitivas. Generosidad no os falta, lo sé. Pero frente al riesgo de comprometerse de por vida, tanto en el matrimonio como en una vida de especial consagración, sentís miedo: «El mundo vive en continuo movimiento y la vida está llena de posibilidades. ¿Podré disponer en este momento por completo de mi vida sin saber los imprevistos que me esperan? ¿No será que yo, con una decisión definitiva, me juego mi libertad y me ato con mis propias manos?» Éstas son las dudas que os asaltan y que la actual cultura individualista y hedonista exaspera. Pero cuando el joven no se decide, corre el riesgo de seguir siendo eternamente niño. Yo os digo: ¡Ánimo! Atreveos a tomar decisiones definitivas, porque, en verdad, éstas son las únicas que no destruyen la libertad, sino que crean su correcta orientación, permitiendo avanzar y alcanzar algo grande en la vida. Sin duda, la vida tiene un valor sólo si tenéis el arrojo de la aventura, la confianza de que el Señor nunca os dejará solos.” (BXVI)